Siento, de sentir.



Perezosamente se desnudan las hojas
a través de los cristales,
mientras,
se rompe la tarde
y tu belleza es un escalofrió
que cruza mi cuerpo,
surges como oportuno fermento
en la premisa de tu nombre
devorando débilmente
cada fértil pensamiento
que cruza los campos de mi mente.

Siento,
la instantánea frescura
de tu piel
en su suicidio insolente,
que busca su placer,
brisa fresca
que ciño a mi cintura,
lívida tu frente
se clava en mi pecho
y me emborracho de tu pelo,
mientras tu piel
se subleva
en la soledad de su desierto.

Abrir los ojos
para ahogarme en el gemido
y voltearme
en el perpetuo delirio
que desenmascara mi sexo,
asir tus senos,
chupar tu veneno,
sentir tu mano
llevarme al averno.

Sentir,
el delirio de tu juramento
las acrobacias de los cuerpos
en un enjambre de deseos sueltos,
bifurca el tiempo
gimo y siento
gimo siento…