Errante desorden.




Errante desorden.

Soy hombre en la encrucijada del deseo
la luna parábola iluminada
que en esta noche
convoca una maldita abstracción
que me derrama en el deseo de tu piel
Adán duerme en mi sangre
con la revolución del pecado
y esa necesidad de ungirte
en la destreza de un verso
o en lo profundo de un gesto
que haga de tu ansiedad
un delirio de inmortal satisfacción.

Celindas tibias, me emboban tus sombras,
cuando confirmo en mi temblor
el aroma que nace
en el páramo de tus pechos,
hielo desecho por el vino
que derramas en tu cuerpo
como mieles de incitado ardor,
tus manos sugieren el camino de las mías
en esa guía ciega de urgencia
que me abre la frontera de tus muslos.


Errante desorden,
ocupo tu verso
en esta encrucijada de sexo
en la que me elevo,
escribo y te amo
en este universo
en que los sentidos

se hacen intensos.