Reflexión


Existen momentos en la vida carentes de sensación, monótonos y rutinarios; nos conformamos con el transcurrir de los días, donde seguramente hay cosas interesantes por contar, pero que al final pasan desapercibidas, porque sufrimos de desprecio y aburrimiento. Personalmente, soy de los que piensan que siempre hay algo que decir y por tanto, historias por escribir. Esta es quizás, la alternativa, que siempre está haciendo de las suyas en el criterio del escritor, porque siendo la monotonía, el badén de la fábula, carece de estilo, de identidad, de esa sustancia que genera nuevas experiencias y que por ello, excita al lector.

Para que haya estimulo, debe haber una dirección y esto último sólo puede ser tallado por una buena idea. Cada lector es un mundo una forma diferente de interpretar. Ser consciente de este principio, representaría una amenaza para la creatividad, pero es todo lo contrario una importante ventaja para el escritor, porque, permite identificar el objetivo y delimitar la transcendencia de la fábula, alimentando el potencial de ingenio del autor.

Está claro que la capacidad de elegir, es una de las características típicas del ser humano, pero también está claro, que sobre gustos no hay nada escrito; que cada quien es cada cual, por lo que la elección de la fábula y su creador está en la mágica razón de nuestros gustos.

1 comentario:

  1. Para que haya estímulo, tiene que escribirse con la tinta del alma, pero no de sus bordes, desde el centro, como lo haces tú.
    Adoraría que tu reflexión la hubieses acompañado con tu imagen

    Me acordé de ti y quise venir a visitarte

    Mi beso, Agapxis

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