Un Mal Sueño


De repente apareció la conciencia, acompañada del sonido que surgía de aquel radio despertador, afincado tantos años en su mesita de noche, le crucificaba los tímpanos y atravesaba la razón, estiro su mano girando sobre si en su lecho y golpeo hasta parar  la fuente estridente silenciando de una vez aquella insoportable melodía.
 Abrió los ojos con dificultad pues estaba muy oscuro, noto un sudor profundo y un calor constante en su cuerpo y supo ciertamente que tenía fiebre, esto le llevaba al delirio a una sensación que ya había vivido; no obstante, trataba de ordenar sus pensamientos, intentando fijar la mirada en el techo de su habitación, mientras sus ojos se acostumbraban a la poca luz del ambiente, contemplando las pequeñas manchas de humedad en la pintura, su delirio le hacía imaginarlas como pequeños demonios volando, con sus cuerpos antropomorfos, hacia él.
Ahora trataba de no ser presa de la alucinación, de no perder de lejos la realidad mientras desvía instintivamente la mirada del techo y fijándola en el radio reloj, observa con mucha dificultad los números rojos del conjunto,  “4:35 p.m.”
Se levanta con la pesadez y los escalofríos de quien sufre de fiebre.
 Logra arrastrar sus pies hasta la cocina mientras prepara a tientas un café caliente, se sienta a la mesa y toma casi tembloroso un sorbo del brebaje, mientras dirige su mirada a  la ventana y de repente sus ojos se ven cegados por una intensa luz roja que explota en el horizonte tras de las montañas y que ciega sus ya maltrechos ojos, el aparta rápidamente su mirada mientras los cubre con sus manaos, siente el dolor oblicuo que atraviesa sus pupilas para estallar en su cabeza a la vez que sale una maldición de sus labios.
Cuando  logra recobra la estabilidad de sus sentidos, el instinto le devuelve la mirada a la ventana; ¡no puede ser no… está sucediendo¡ la luz se acerca a gran velocidad mientras en su interior  puede distinguirse cada vez más una figura humana que  se acerca con los brazos extendidos los cuales  tienen la forma de alas de águila, con  plumas negras; con una rapidez inusual y atravesando la ventana se sitúa a unos pocos centímetros de él, ten cerca que puede percibir la respiración y distinguir como dicha forma no tiene pies que posar en el firme frio de su cocina, mientras siente el aire del infinito y constante aletear de la criatura.
No se escucha ningún sonido, él se agarra a su sillón con fuerza y nota un viento húmedo atravesar su cara, también su cuerpo mientras desaparece de sus ojos su todas las paredes y muebles de la estancia, las baldosas van cayendo al abismo una tras otra mientras lo rodean sin escapatoria; por fin el ser se dirige a él puede escuchar pero en su mente como le dice… ven, ven, acércate y sígueme…
El siente como su sillón se desploma al abismo arrasrtándolo con él y cae, cae, cae sin parar…
Piiiitc, piiiitc, piiiitc. piiiitc, piiiitc, piiiitc. piiiitc, piiiitc, piiiitc, de repente apareció la conciencia acompañada del sonido que surgía de aquel radio despertador afincado tantos años en su mesita de noche, le crucificaba los tímpanos y atravesaba la razón, estiro su mano girando sobre si en su lecho y golpeo hasta parar la fuente estridente silenciando de una vez aquella insoportable melodía. Abrió los ojos con dificultad pues estaba muy oscuro, noto un sudor profundo… el radio despertador marcaba“4:35 p.m.”
 

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