Firmeza




Rodar, rodar perdido y solo,
vagar sin rumbo definido
por el borde del miedo adquirido,
con el alma mirando al infinito
y la mente en prueba infatigable,
revalida constante a la opresión,
opresión que tronca la voluntad deseable
que ataca a la virtud en su contradicción.

Moverte como un junco contra el viento,
burlando los desafíos sin piedad
hasta de la más aciaga tempestad
que mina la fuerza de tu aliento;
arrinconar con valor a la flaqueza,
bebiendo en el manantial de la fortaleza,
ese caldo que te templa en constancia,
y fortalece y enriquece la conciencia.

Pasear sin mirar al alambre,
sintiendo que se arquea con el peso
de mil dudas que te cubren,
en el complicado descenso,
de la voluntad camino del corazón;
sin vacilar, me aferro al tesón,
para mandar a la firmeza en expedición
a la conquista de mi débil corazón.

Ya no quiero más pereza
vagando por mi interior,
si no la fortaleza de mi firmeza,
elevada a un estadio superior.

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