Tus Ojos



Caminando por la calle de la amistad, perdido entre las manos de mi franqueza, me pare frente a la puerta de tus ojos y te llame para que abrieras tu alma.
Ojos profundos como los océanos del mundo, que se llenan de vida cuando sobre ellos cae un rayo de luz, ojos que embelesan y te detienen que te agarran con la fuerza perpetua de su candidez subyacente, esa que no puedo alcanzar a ver y que cada vez más me embriaga como el licor que no puedo dejar de beber y me emborracha, me emborracha sin cesar.
Quise entrar en ellos para ver la profundidad de tu sentir, pero mi mirada se explayaba y combatía una y otra vez como las olas del mar intentando ganar un beso  al fuerte y esquivo acantilado.
Ojos que robaron la sabiduría de la vida para aliarse con ella, que caminan expertos con la seguridad que les da ese sentido que reconoce lo común de lo ilógico e irreal.
Ojos que se enfrentan al día con espíritu soñador pero con la suficiente cordura y valor para parar el mundo en el mismo instante que les disguste lo que tienen delante.
Y sigo buscando acaso una sonrisa que desdibuje esa profundidad que baila la danza de tu ser en perfecta armonía entre la música y tu cuerpo, que me rompe al mirarte y tira de mi alma.


Ojos precisos y calculadores
que florecen como tulipanes
y expresan armonía
con la claridad de su filosofía.
 


Ojos ardientes llenos de fuego
que se enternecen con el ruego
y se burlan en el juego
de su deseo ciego.

Ojos complicados que no logro entender
y que cuando intento comprender
se me pierden en la distancia.

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