Vencido





Y ya estás aquí, cortejándome de nuevo,
arrastrándome con todas tus fuerzas,
ahora que sabes que estoy plenamente solo
en esta desorientada y traidora tristeza.

Te acercas a mí, con tú lento e impávido sigilo,
camuflada tras la bruma del olvido,
que me arrastra como un barco a la deriva
en un mar de loca tormentas desmedida.

Sabes que no te puedo mirar
que tus ojos son el precipicio
por el que siempre mi razón, dejo escapar
y me burlas con tu presencia y desprecio,
mientras bailas esa danza interminable
que para mí es un vicioso deseo insaciable.

Me empujas a ese largo precipicio,
con el cuerpo en sudoroso desnudo de vicio,
y te ríes, si, te ríes, con salvaje malicia
cuando me plegó al asalto de tu caricia.

Déjame y no me abraces con la lujuria
para despreciarme en tu pecado,
en ese fatal juego desbocado
que me hace prisionero de tus labios
y arlequín de tu ardiente fantasía.

Quiero huir y me jalas, me hechizas
sin la más mínima oportunidad de escapar,
pegas tus labios a mi pecho mientras,
mientras clavas tus uñas en mi espaldar;
sacias tu sed de poder, bebiendo en mí,
como una loca en excitado frenesí.

Tu frente junto a la mía
tus labios acosando con rabia,
en embates de bruta locura
embriagados de dulce calentura,
y yo me humillo, ante la fuerza de tu perversión,
clavo mis manos, cierro los puños y templo mi tensión
estoy perdido en la tela que me has tejido
y me rindo porque quiero que sepas, que tú, has vencido.

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