La Leyenda De Amarca




Cuenta la leyenda que Amarca era una  bella aborigen que vivía en estos montes de Icod de los Vinos.  Era tan hermosa que su belleza era conocida, y comentada, en toda la comarca, multitud de hombres se acercaban a ella en tratando de conseguir su amor. Tanta era su fama que despertaba la envidia de las demás mujeres.
 La noticia de su belleza  llegó a oídos del Mencey Belicar, el último Mencey de Ycode, que cuando admiró su rostro se enamoró perdidamente de ella,  pero Amarca, a pesar de su humilde linaje, rechazó al rey, que nunca había sentido la decepción de una negativa en sus carnes. La noticia del rechazo de Amarca al mencey corrió como la pólvora por todo el menceyato, hasta que llegó Gariaiga, el Pastor.
 Gariaiga era un hermoso joven que llevaba tiempo soñando con conquistar el corazón de la mujer que amaba, por eso cuando se enteró del rechazo de la muchacha al Mencey, se llenó de valor y pensó que aquella era la ocasión de conquistarla. Así, cada vez que tenía ocasión, se acercaba por los lugares que frecuentaba la chica, jamás dejaba pasar la ocasión de observarla a lo lejos o de acercarse a ella.
La gente del poblado comenzó a murmurar sobre el comportamiento del pastor, que cada vez aparecía más frecuentemente por los alrededores sin atreverse a declararse a la chica, de esta manera pasaron meses y estaciones, poco a poco, los comentarios sobre el pastor fueron haciéndose más crueles, pese a lo cual el apasionamiento del enamorado no decrecía, sino todo lo contrario, parecía que cada vez su amor era más obsesivo.
 Dicen que la conducta del corazón humano es imprevisible y que, en ocasiones, la presencia de obstáculos en vez de acabar con los ánimos acrecienta las ilusiones. Y por lo que se cuenta esto debe ser lo que le ocurría a aquel joven pastor, porque era extraordinario contemplar como la ausencia de señales que le dieran esperanzas aumentaba, más si cabe, su amor.
 Finalmente la insistencia del muchacho comenzó a causar efecto en el corazón de la mujer, que halagada y enternecida por la pasión amorosa que mostraba, comenzó a prestarle atención, pero esta reacción hizo que Gariaiga siguiera a la joven con aún más ilusión, y ahora ya casi no dejaba de estar presente en cada momento del día.
 Este "acoso" provocó el enojo de Amarca, tanta era la insistencia del pastor que la familia  y las amigas de la joven comenzaron a burlarse de la situación. Hasta los niños del poblado comenzaron a inventarse historias sobre la enfermiza locura de amor de aquel pastor.
 Finalmente, una mañana soleada, Gariaiga encontró el valor suficiente para acercarse a la bella Amarca, pero en el justo momento en que se enfrentó a ella se quedó sin palabras, sólo podía observarla sin que le saliera nada de aquello que llevaba meses pensando decirle, tras uno segundos de un incómodo silencio fue la mujer la que rompió el hielo:
 Dicen que me amas -le dijo- entonces, si sientes tanto amor, ¿Por qué no me lo demuestras en lugar de espiarme.
El joven pastor, aún sin salir del todo del trance en el que parecía haber entrado, comenzó a ballubucear:
No sólo te amo -le contestó- es que estaría dispuesto a darlo todo por ti.
Ella, mirándolo con desdén le, respondíó:
Y qué podría darme un pastor pobre como tú que no me pudiera haber ofrecido antes otro ¿acaso no sabes que he rechazado a tu mencey Belicar?
Gariaiga, con ojos tristes, sólo fue capaz de señalar su corazón con un gesto de ofrenda, ante lo cual Amarca respondió con una carcajada, se dio la vuelta, y se marchó igual que había llegado.
El pastor, herido  por el rechazo de su amada, abandonó su rebaño y vagó durante un tiempo por los bosques de Ycode, desesperado por el rechazo sufrido, enloquecido por la pérdida de su amor, tras unas semanas comprendió que todo había llegado a su fin, se acercó a un barranco muy profundo y sin pensarlo se tiró por el precipicio.
Todos culparon de la desgracia a Amarca y la joven enloqueció después del incidente. El pobre pastor se había matado por su amor. Con su desprecio, lo había empujado hacia una muerte cierta. El sentimiento de culpabilidad, las acusaciones de los habitantes del poblado y el recuerdo del amor de Gariaiga, la llevaron a la demencia. Así, un día, Amarca desapareció.
Nadie sabía donde encontrar a la muchacha. Salvo un anciano del poblado, que dijo haberla visto una mañana descender de las montañas y caminar hacia las orillas del mar. Contó que la vio lanzarse al abismo y luchar contra las olas, perdiéndose en el océano.
Desde ese momento cuando un caminante  cruza el lugar por la noche, si presta la suficiente atención, puede oir un lamento escalofriante; la voz apagada de Gariaiga, que eternamente sigue llamando a Amarca,...Su amada Amarca.

1 comentario:

  1. Està historia te la leì hace tiempo, y quede encantada.Es hermosisima.
    Detràs de cada leyenda,siempre hay una historia real.

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Hola. Gracias por tu comentario.