Madre





Cantan mil ruiseñores a coro
en el jardín de la perfección
y una flor despliega su pasión
con mezcla de amor y esmero.
Solo un alma en aliento dulce,
refugio de vida engendrada,
que siempre busca entregada,
el sacrificio tierno y amable,
pasión bendecida en incondición,
amor en derroche a besos,
horas en vela y desasosiegos,
el cansancio de luz en sus pupilas
en noches de vela intranquilas,
el celo, el querer y el amor,
la mano cálida que acuna,
tu niñez susurrada en nana,
al vaivén de un pecho en calor
que palpita en aliento especial,
con ese aroma inolvidable,
y el tacto de su mano afable,
relajando tú llanto inaguantable,
las horas de ayuda y dedicación,
los reproches convertidos en perdón,
un cuento que te hacia soñar
y una mirada que jamás podrás olvidar.
Eres el cobijo de mí ser
la guía que me puso en camino,
la dulzura en un rostro divino,
la sabiduría velada en mujer.
Nadie te quitara el cobijo,
la protección que das al hijo
y mi corazón, es ya tu esclavo
y jamás te dará de lado,
madre, flor que porto en mi corazón,
orgullo, respeto y admiración,
nunca te conseguiré devolver,
lo que tú nunca me dejaras de ofrecer.

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