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Conocer Antes De Juzgar


Un hombre estaba esperando para coger un tren en  sala de espera de una estación.      Como la esperar podría ser larga, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compro un paquete de galletas. Se sentó en un asiento de los que suelen haber  en la sala de espera de las estaciones, mientras esperaba la llegada de su tren para poder descansar y leer en paz. Al lado del asiento donde estaba la bolsa de galletas se sentó un señor  que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando el tomo la primera galleta, su vecino de banco también tomo una. Él se sintió molesto, pero no dijo nada. Apenas pensó: "pero, que cara tiene este tío”, incluso estuvo a punto de llamarle la atención, pero se contuvo. Volvió a tomar otra galleta y el señor de al lado tomo otra. Su molestia se convirtió en indignación, pero contuvo su ira y se relajo. Y cada vez que él tomaba una galleta, el señor de al lado  también tomaba otra. Aquello lo dejaba tan descompuesto que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah... que será lo que este cara dura ladronzuelo hará  ahora". Entonces el señor de al lado dividió la ultima galleta por la mitad, dejando la otra mitad en el paquete. Ah, aquello era demasiado se puso a trinar de la rabia. Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al andén para subir al tren. Cuando se sentó, confortablemente, en su asiento, ya en el interior del vagón, se dio cuenta que llevaba todavía la bolsa y  miro dentro, para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... todavía virgen, intacto, cerrado; sintió tanta vergüenza. Solo entonces advirtió lo equivocado que estaba, había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa.  El señor había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras el quedo muy desconcertado, pensando que estaba compartiendo las sullas con él. Y ya no había más tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas por que el tren iniciaba su marcha.

¿Cuantas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás, y no somos conscientes de ellos? Antes de hablar o  llegar a conclusiones a cerca de los demás de forma superficial tendríamos que conocer u oír sus explicaciones, tal vez las cosas no sean exactamente como pensamos en un primer momento, no debemos juzgar a los demás antes de conocerlos…

Este relato nos puede hacer reflexionar sobre las veces que a lo largo de nuestras vidas nos saltamos las normas y los principios que todos deberíamos mantener en nuestra conducta diaria.