Meira Delmar


Poetisa romántica y tradicional, sin ataduras con el pasado pero conservándolo, en su poesía hay una angustia vital que recorre permanentemente sus palabras.
Sus versos son de una sencillez grandiosa, tan sencillos que cuando los lees puede creer que son hechos para ti, nostálgicos y ligeros que parecen decirte de nuevo lo que de por si debes saber.
Su poesía, además de evocar el mar y la naturaleza, guarda una cercanía con el amor a partir de sus propias ilusiones, esperanzas y desencantos, se alimenta del amor inalcanzable con el que coquetea y casi siempre se transforma en el mar, la rosa y por los cuales se sentía atraída en mucha de su poesía.
Particularmente me enamore de Meira a los 15 años cuando leí "Huésped sin sombra" del libro Reencuentro por la recomendación escolar de mi buena profesora Dña. Rosario Jiménez a la que debo gran parte de mi amor a la poesía.


Su poesia:


 Soneto del amor evocado

Toca mi corazón tu mano pura,
lejano amor cercano todavía,
y se me vuelve más azul el día
en la clara verdad de la hermosura.

Memoria de tu beso, la dulzura
recobra su perdida melodía.
y torna al cielo de la frente mía
el ángel inicial de la ventura.

El viento es otra vez un manso río
de jazmines abiertos. El estío
entreabre su vena rumorosa.

Y el tiempo se detiene desvelado,
a orillas del recuerdo enamorado
que enciende el corazón cuando le roza
.


Raiz antigua

No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.


No es de ahora. No.
De lejos viene
-de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas-,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.

La hogera
Esta es, amor, la rosa que me diste
el día en que los dioses nos hablaron.
Las palabras ardieron y callaron.
La rosa  a la ceniza se resiste.

Todavía las horas me reviste
de su fiel esplendor. Que no tocaron
su cuerpo las tormentas que asolaron
mi mundo y todo cuanto en él existe.

Si cruzas otra vez junto a mi vida
hallará tu mirada sorprendida
una hoguera de extraño poderío.

Será la rosa que morir no sabe,
y que al paso del tiempo ya no cabe
con su fulgor dentro del pecho mío.

Biografia:

Meira del Mar, seudónimo de Olga Chams Eljach, nació en Barranquilla en 1922.
Hija de los inmigrantes libaneses Julián E. Chams e Isabel Eljach, empezó a escribir poesía a la edad de 11 años. Entre sus primeros escritos destaca A las acacias en flor. Durante toda su adolescencia sintió gran adoración y admiración por las grandes poetisas del sur: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou
Realizó sus estudios de bachillerato en el Colegio Barranquilla para Señoritas y sus estudios superiores en la Escuela de Bellas Artes del Centro de Estudios Dante Alighieri de Roma (Italia). Estudió música en el Conservatorio Pedro Biava de la Universidad del Atlántico e Historia del Arte y Literatura en el Centro Dante Alighieri de Roma. Más tarde fue profesora de estas materias en la Universidad del Atlántico.
En 1937 sus primeras poesías -Tú me crees de piedra, Cadena, Promesa y El regalo de la lluvia- son publicadas en la sección Poetisas de América de la revista cubana Vanidades. En el momento de enviar sus poesías decide adoptar el seudónimo Meira Delmar, principalmente para evitar que sus padres y amigos reconociesen la autora de la obra. Meira parte de la modificación del nombre Omaira, de origen árabe; y Delmar resulta de su amor y atracción por el mar. Meses después su obra adquiere popularidad y periódicos y medios nacionales empiezan a publicarla.
A petición y ante la insistencia de sus amigos, Ignacio Reyes Posada, Carlos Osío Noguera, Héctor Rojas Herazo y Alirio Bernal, publica en 1942 su primer libro Alba de olvido. El libro fue publicado por Editorial Mejoras, en una edición inicial de cincuenta ejemplares[6]. Más de medio siglo después, la revista Semana, en su edición 882 de 1999, lo incluye en una selección de las mejores cien obras colombianas del siglo XX; siendo la única mujer que aparece en la sección de poesía.
Meses después, decidió enviar una carta con sus poesías y su primer libro a Juana de Ibarbourou, domiciliada por ese entonces en Montevideo, para solicitar su opinión sobre las mismas. Tiempo después, la poetisa manifestaría que la hermosa misiva que recibió como respuesta fue la razón que la impulsó a seguir escribiendo.
En 1944 ve publicado su segundo libro de poesía, Sitio del amor. Dos años después, en 1946, publica su tercer libro Verdad del sueño.
En 1950 ofrece su primer recital público en la Biblioteca Nacional de Colombia con sede en la capital por invitación de Carlos López Narváez. En esa ocasión es dirigida por Eduardo Carranza. Un año después publica su tercer libro, nuevamente de poesía, Secreta isla, en el que afirma haber alcanzado su propia voz.
En 1957 publica Cuadernillo de poesía No 26 en la colección Poetas de ayer y hoy de Simón Latino en la ciudad de Bogotá. Tiempo después esta obra sería publicada en Buenos Aires.
Desde 1958, y durante 36 años, fue directora de la Biblioteca Pública Departamental del Atlántico; que en su honor fue nombrada Biblioteca Pública Departamental Meira Delmar. Llegó a ese cargo por invitación de Néstor Madrid Malo, cuando este era Gobernador del Departamento del Atlántico, y fue sostenida en el mismo por los veintisiete gobernadores siguientes. En la actualidad, y en su honor, existen el Centro de documentación sobre la mujer Meira Delmar de la Universidad del Atlántico y la Sala de lectura Meira Delmar de la Biblioteca Piloto del Caribe.
El dieciocho de marzo de 2009, en su ciudad natal, cuando estaba nominada para el Premio Reina Sofía de la corona española, con altas posibilidades de obtener un reconocimiento que sólo se da en vida de los autores, emprendió  su callado viaje, y todo deja su paso por la Tierra, su rostro en paz, su corazón en guerra.

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