Tu Intimidad





La puerta de la alcoba estaba abierta
y la tibia luz de una noche de luna profunda,
acaricia tu postrada silueta desnuda
esa que en blanco plata te describe en perfecto.

He mirado tu sueño tantas veces en estos años y todavía me asombra esa dulce serenidad felina y la calma descomunal,  profunda que desprendes cuando estas en el juego de Morfeo. 
Y no me canso de mirarte, como si fuera aquel primer instante en que fui herido por la fuerza del arco de tu Cupido.

Y sigo aquí parado, inmóvil, mirando,
sin atreverme tan siquiera a romper
la intimidad que requiere tu ser
y no sé por qué, pero sigo dudando,
tanto tiempo compartiendo
de tu amable confianza,
esa que acrecienta nuestra eterna alianza,
la que a pesar del tiempo todavía
me contiene como el primer día,
causando esa sensación de ansia y duda,
no sé porque,  en mi todavía perdura,
será el respeto a disfrutar de tu textura.

Si, esa textura de tu piel, ese calor al tacto de las sensibles yemas de mis dedos cuando te recorren centímetro a centímetro buscando la felicidad en los caminos remotos y privados del valle de tu cuerpo, que se quedaron para siempre impresos en mi memoria y que yo, siempre defino como “alcanzar la gloria” es una adicción, casi una obsesión. 

Sé que al final disipare la duda
y me acercare a ti acariciándote con ternura.

Dejare un beso en el obscuro precipicio de tu espalda,
el roce de los labios que se arrastran,
ese juego de caricias que te despiertan
sabiendo que sacarte de tus sueños, te enfada
y no espero esta noche conquistar nada,
sé que las conquistas ya fueron ganadas,
en batallas de juventud ya pasadas,
hoy solo se trata de serena plenitud deseada.

Y mi piel plegada sobre la tuya, erizando los sentidos, los tuyos aun confundidos luchando por no ser hundidos, navegando en el mar de la sensibilidad que se desborda en la playa de la lujuria y se agarran a los míos ya sumergidos y arrastrados a lo profundo por la estremecida tormenta de una ansiedad sin límites.

Sé que sigues hundiéndote,
intentando salir a flote
y no sabes si esquivar mi peso
o rendirte tras el último beso.
Y ahora me miras a los ojos
pidiendo clemencia a mis deseos
y ya es tarde para reprimir los jadeos,
que callaran con los besos nuevos
y ya es tarde para parar
los instintos en camino
y no es difícil imaginar
cual será nuestro destino.
Sé que no me reprocharas nada
que todo se disipara en nuestras miradas
que la ruptura de tu intimidad volverá a ser perdonada.

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