Viento de levante



Se fue refugiando detrás de cada instante, donde el tiempo aun es virgen y las virtudes se encontraban todas juntas paseando desde el alma al corazón.
Yo sabía que había viento de levante, esa suave y traicionera brisa que era capaz de romper su fragilidad, haciendo trizas los más perfectos sentimientos que estaban atenazados por el miedo que entraba por las ventanas abiertas de mis sentidos, donde abatía mi alma de pequeño guerrero, arañando a sus conquistas todas mis promesas de luchar contra los instintos.
Sabía que sus palabras eran impolutas, que me llegaban expectantes, acariciándome desde la espalda, arrastrando su ternura de niña inmaculada, y yo allí, conteniendo los vientos para que no rompieran su fragilidad, viendo la tormenta crecer, a veces dentro, a veces fuera, resistiendo en el fortín de los sentimientos, tan cansado, que ya no podía apuntalar más el muro de dolor.
Y las vanidades flotaban como fantasmas encadenados a nuestro alrededor, cerrando nuestras miradas y apagando la luz de los corazones que se suicidaban con silabas hirientes una y otra vez catapultadas entre gritos y silencios malditos.
Era como pasar páginas en blanco, de un libro que estaba seguro de haber escrito y que se revelaba vacío, en el que aun las últimas runas se hallaban cayendo por el acantilado del borde de sus páginas, intentado sostenerse con la sencilla intención de  mostrar el coherente contenido de la historia que tanto tiempo habíamos estado escribiendo.
Y entonces recordé cuando en mi juventud postulaba descripciones de los texto que leía,  dejando manchas de tinta ordenadas y con sentido al final de cada capítulo de las historias leídas; yo sabía que el viento de levante se llevaría las postulaciones, aunque fueran escritas con sangre derramada de las lágrimas de la incomprensión de nuestros propósitos, que caminaba distanciándome con el agobio que le producían cada una de las palabras que intentara escribir.
Y no sé dónde, ni cómo y menos aún el porque pero sucedió, fue como sentir la humedad del aire entrar por mi mente y cristalizar mi voluntad, como si el pasillo de mi alma a mi corazón se ensanchase para dejar paso las virtudes, que se colaron en mi corazón, colonizando la moral que como guerrera salió a proteger la fragilidad de tu ser.
Y así fue, como las paginas volvieron a estar escrita de las historias comunes, así fue, como descubrí que estaba lleno de vanidades obsoletas que cegaban mi interior y no dejaban abrir las ventanas de mí corazón.

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