Desbordándose Esta Mi Melancolía.



Un violín de melodía helada,
susurro de nota que vuela por altura,
compas de nube sin blancura,
que viste la luna desesperada.

Un pensamiento como el agua brava desbocada,
regando la siembra de mi locura
con perfil pertinaz de tortura,
en un corazón tatuado de palabras arrebatadas.

Custodia de palomas a hieles encadenadas,
con las cabezas escondidas en penas
que traducen notas sempiternas,
entre aromas de azucenas maceradas.

Desbordándose esta mi melancolía.

Amargo canto de quebrada garganta
que arrincona pena en esquina,
con corcheas de violín y concertina,
que al alma desencantan.

Desbordándose esta la melancolía.

Que lo que no me des, yo no te pida,
que por buscar la muerte,
no hay hombre atrevido a quererte
ni carne por hierro estremecida.

Ni piel que cierre la herida,
ni sangre que de rojo llueva fluida,
tiñendo la conciencias destruida.



Sigue Desbordándose la vil melancolía.

Y sobre la luna pasea la mente cautiva,
tocando la orquesta de las lágrimas de flores,
la canción de la pena que no se olvida,
acompañada de un coro de ruiseñores.

Solo sabe el poeta llorar bajo el lucero,
melancolía que llena el espíritu severo
y en  la carne penetra como el acero,
el dolor de no poder decir te quiero.

Y en el silencio arde toda mi alma,
en las tardes de cálida y fija plata,
que sin sus palabras mi vida mata,
la melancolía a la puerta del corazón llama.

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