De La Oscuridad.




A través de las sombras apago luces y desahogando el estanco del tiempo, invento sueños, quebrantando las normas de mundos que modelo para hacerlos míos.

De la oscuridad que se engendra en pesadilla
sin saber que tras la sufrida noche vuelve el dia
que se fueron los querubines celestiales,
dejándome fantasías demenciales.

De un abandono a mi suerte; nacen perpetuas las miradas de loca confusión, arratrandose por el jardín de los sueños, que desnudan con prisas, crisálidas de amor, sin tiempo, estancadas, esperando el camino para escoger.

Y escojo:
que se pase el tiempo que me arrastra,
sin poder
desaparecer
y tras el grito muerto surge la ataraxia,
clavando los silencios,
tatuando los sentidos,
que me producen la sed que de ti he sentido,

Son tan ciegos los instintos, tan necesitados los placeres,
que se baña la hipocresía en un coro de ruiseñores,
para que los juglares del entendimiento,
canten con palabras descifradas
las realidades del pensamiento.

Y de la oscuridad se reafirma el delirio
y de la falta de su mirada,
esta ya mi alma cansada
y mi mente en continuo martirio.

Que en el asalto de tu espacio
se quiebran mis palabras
que en el dolor de las fracturas
flagelo de desprecio.


Más yo, que soy el que en la oscuridad vivo
el que en la luz de mi cortejo me exhibo
y que en la enagenacion solo pretendo
ser por ti correspondido.

      "Hay un cielo negro, negro vivo, que se desploma cuando a ti no te percivo."

 

Desbordándose Esta Mi Melancolía.



Un violín de melodía helada,
susurro de nota que vuela por altura,
compas de nube sin blancura,
que viste la luna desesperada.

Un pensamiento como el agua brava desbocada,
regando la siembra de mi locura
con perfil pertinaz de tortura,
en un corazón tatuado de palabras arrebatadas.

Custodia de palomas a hieles encadenadas,
con las cabezas escondidas en penas
que traducen notas sempiternas,
entre aromas de azucenas maceradas.

Desbordándose esta mi melancolía.

Amargo canto de quebrada garganta
que arrincona pena en esquina,
con corcheas de violín y concertina,
que al alma desencantan.

Desbordándose esta la melancolía.

Que lo que no me des, yo no te pida,
que por buscar la muerte,
no hay hombre atrevido a quererte
ni carne por hierro estremecida.

Ni piel que cierre la herida,
ni sangre que de rojo llueva fluida,
tiñendo la conciencias destruida.



Sigue Desbordándose la vil melancolía.

Y sobre la luna pasea la mente cautiva,
tocando la orquesta de las lágrimas de flores,
la canción de la pena que no se olvida,
acompañada de un coro de ruiseñores.

Solo sabe el poeta llorar bajo el lucero,
melancolía que llena el espíritu severo
y en  la carne penetra como el acero,
el dolor de no poder decir te quiero.

Y en el silencio arde toda mi alma,
en las tardes de cálida y fija plata,
que sin sus palabras mi vida mata,
la melancolía a la puerta del corazón llama.

Depredación



Y en la selva de los instintos
fui presa inocente
de un ataque insistente
de deseos convulsivos.

Y con apetito ardiente
abalánceseme con avaricia hiriente
en el despiste
que derrocho mi presente.

Fue  una ansiada depredación
caí entre las piernas de la fiera,
engullido desde fuera
y arrastrado con pasión,
desalmado de respuesta
sin reacción expuesta.

Tensos ejercicios de supino
en busca de placidos caminos,
jirones de piel sedientos
en roces y friccione en movimiento,
de un goce saturado de sentimientos,
lucha en sumisión
entre las fauces,
de una depredación
sin daños carnales.

Mordiscos golosos
de animales ansiosos,
alientos de corajes
de corazones salvajes
ciegos de ambición
se baten en depredación,



bestias rugiendo en voces
gritos sedientos en la noche
de una depredación,
en la selva de mi habitación. 

He Hablado Con Mi Silencio



He hablado con mi silencio,
en tertulias amenas
y las confidencias fueron plenas
cuando mi corazón se vacío
de tantos llantos de soledad
de juicios de ambigüedad.

He hablado con mi silencio,
intentando descubrir
las cábalas que no me dejan vivir
y por las que mi razón murió
escapando del miedo que me hizo reír,
con las manos atadas de verte sufrir

Y susúrroseme la calma
desde lo más profundo de mi alma,
liberando la mente
de juicios pendientes,
atrapados en la jaula del verbo
que aúlla con el loco recelo.

Silencio que en sigilo
impoluto de atención
se burla de mi tentación
y la despoja de su asilo
entre los dilemas de mi corazón,
para hacer florecer
en la tranquilidad del atardecer
la cordura de una razón
liberada de condición.