Dialogo Profundo



Dijo el placer envuelto en vanidad,
yo puedo colmar al cuerpo de felicidad
y el alma levanto la mirada
y con calma casi desesperada
dijo:
de que te vale la satisfacción
si no dejas latir al corazón,
pues para conseguir alcanzarla
deberías aprender a tocarla,
con tus manos acariciarla,
con tu virtud saciarla.

Se despertaron los ojos,
pregonando los anhelos
de la fe que estaba escondida,
en un cuerpo que sangraba sus heridas,
llagas desvestidas
de vanidades afligidas,
de propósitos callados
de afectos desterrados,
motivaron a la esperanza
despertando los instintos,
abrazado a la conciencia
que armada con paciencia,
apelo a los sentidos
y enseñaron al corazón 
a amar, con razón,  con pasión.

Imagen: Peter Gric “Awaiting The Rebirth”



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