Al Atardecer De Un Sueño



Aquí estoy al atardecer de un sueño, esperando un recuerdo inédito que se posa en una rama y trae los pies llenos de nostalgia y en el pico una sintonía de miedo, burla y jauría; veo un niño rubio de calzón corto, con las piernas cruzadas, leyendo un libro y al lado descansa sus espada, todo parece extraño, plausible, pero extraño, el sueño es un clamor de risas, de dedos índices detenidos y pavorosos, acusadores y jocosos.
Se me humedece la mejilla que ahora es rosada, no hay rabia ni tristeza, pero una lagrima se resbala e inunda las palabras que se ahogan  en dentelladas, en medio de los renglones de una historia asimilada; ahora sé que yo soy el niño y miro mi espada, la madera deslavada va tomando color de plata y en la punta cinabrio bermellón que resbala y se torna escarlata, ya no hay risas, a ellos, el silencio los delata.

Tras el papel ilustrado de canto prensado, corre la tinta y surca anaqueles bien trazados, que sostienen la historia de un héroe legendario, en el que Julio, me hizo, real al hombre imaginario, yo fui por horas un correo siberiano, que portaba una carta a misión de su soberano, cruce ríos caudalosos, bosques frondosos y saturados de peligros acechantes, perseguido por tártaros gigantes, espada en mano fui sorteando las acechanzas y trabas del camino, para llevar el correo a su destino, en interminable galopada por la estepa siberiana.  


Y allí despertó el héroe soñador, entre las burlas de la juventud hiriente, la vergüenza hizo me apretar los dientes, alzar la espada y defenderme como un guerrero valiente, nadie se burla del que lee y entiende, del que sueña y comprende, del que imagina, crea y en el corazón acurruca para siempre.

Imagen: Agapxis    

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