Andorinas



He cerrado en leve los ojos
que eran cautivos de los cielos,
para que me inunde la música
en el declive de esta tarde agostiza;
hay un compás de titubeo  sedante
que recorre mi mente en este instante,
las notas bailan mi deleite
cual gárbolas aladas
que sus alas
agitan fuertes
y me dejo llevar por el peso del tempo
que inunda mi melancolía misteriosa,
de esta melodía ignota y contagiosa
por la que esta tarde ansioso trepo.

Quizás las gráciles andorinas
que sobre mí no paran de revolotear,
vuelvan sobre mis ventanas
sus nidos otra vez a colgar
y me dejen como a Bécquer
de su hermosura disfrutar.

andorinas, que a son de mi música
gráciles no dejan de volar
y como aquellas negras y oscuras
no quiero que se tengan que machar
al país de donde no se vuelve jamás.

Inaudito es el impulso
que a las andorinas me hacen ver,
como briznas de ternura y cariño
en este fugado atardecer,
donde tal vez mi sueño
ese que me acompaña en empeño,
tan enquistado y místico
viaje para siempre sin saber,
en el ingrávido pico
de una andorina que no quiera volver.

Imagen: -Golondrinas- Aurélio Tolosa Alsina

2 comentarios:

  1. Cerrar los ojos para volar muy lejos como las aves lo hacen desde el cielo, sintiendo la música que toca el palpitar del corazón al compás de los sueños, escuchando cada nota, que agita fuerte el interior, como melodía para los sentidos, no permitiendo se apodere la nostalgia en ningún minuto del tiempo, sino intentar sentir la danza de luz, las ganas de vivir, de sonreir, ese baile de las miradas cristalinas que penetran el alma, hasta viajar lejos muy lejos a donde se quiera llegar.

    Un placer leerte, amigo Agapxis.

    Un beso.

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    1. Yo no lo habría podido explicar mejor, un placer tu visita amiga Marîa.

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Hola. Gracias por tu comentario.