Interjección.



Me ofrecía la seriedad de una virgen terrenal, aplacando la locura incierta y desdeñada de un indómito carrusel de tentaciones, que era culto de mi corazón, calmaba mi pulso en los instante de ansiedad, cuando buscaba sus ojos que jamás había visto de cerca, venía con su palabra fresca y una traviesa interjección cruzando su cara, la distancia entre nuestras sombras se saturaba de intercambios silábicos que desnudaban cada una de las trabas que nos ponía la vida, los miedos aullaban como coyotes hambrientos descuartizando el vigor de las primeras sonrisa y las intenciones se helaban en los pies de dos mártires de un amor imposible.
Ella sostenía la esperanza en una caja envuelta en papel de seda, esperando una lluvia de primavera que sus ojos trataban todos los días de contener, deseando consumir el cigarrillo que matase las hormigas del tiempo convertidas en falaces yugos de soledad.
Me deshacía mirando a la ventana de luz y esperando la paloma blanca que consagraba su presencia y llenaban los estímulos de mi vida, marchitos y en silencio y en el espejo de mi calma florecía una locura de luna radiante que no podían contener los poros de la piel.

Pero la vida, aliada de un tiempo caprichoso e insaciable provocaba silencios tan oblicuos como hirientes, que desarmaban el valor de dos mortales entregados a una intensa experiencia de la vida.

Imagen: de la red. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hola. Gracias por tu comentario.