Se Me Clavo Tu Vida



Se me clavo la vida
tu vida,
se me clavo a desmedida.

En la sombra de mi nombre brota
la efervescencia de tu mirada,
que en tus ojos se denota
mi templanza acurrucada,
cada vez que miras mi reflejo
parpadean mis ojos vencidos
pues son tus ojos espejos
donde moran mis sentidos,
tus ojos son mis ojos
ojos en los que me miro.

Mi corazón comprimido
siente la carne purpura
de tu labio atrevido,
nube recóndita de locura
por la que he sucumbido.

Se me clavo la vida
tu vida,
se me clavo a desmedida

Si te desciñes de mí, yo soy lamento
y fugitivo se queda mi pensamiento,
en el alba se difuminan mis linderos
cuando no escucho tus te quieros
por los que yo vivo
y a omisión muero.

Claveles tus palabras en mi oído
marchitos cuando las he perdido,
flagelados los aromas que siento
cuando tu fragancia no está en mi viento.

Se me clavo la vida
tu vida,
se me clavo a desmedida.

Mis ojos no serán mis ojos
si por tu alma no siguen poseídos,
yo soy el amor que persiste,
tú el amor que en mi existe.

Se me clavo la vida
tu vida,
y dejo mi alma a tu alma cosida.

Imagen: Jarek Kubicki


Palabras de Primavera.



Lejana luce la mirada con la que provocar al viento en los torbellinos de magia y en la que la  frescura de un pensamiento en vilo a la sombra de este hombre, queda empapada en sus picos, ¿quién alcanza la palabra y su sentido? Veo el seno de una noche oscura, la música de la armonía donde el reto de la idea se configura y las estrellas suspirando se suicidan en mis ojos, mientras de puntillas pasean por el filo de los dedos la razón y sus dudas, descifrándose con la cautela poderosa, de un sacrificio del espíritu, y bajan, bajan a mí, en el trance que frecuenta los signos del misterio y crecen, cercen y descansan bajo la luz de las perspectivas y el cielo blanco de la inmensidad.


Al amparo de las huellas donde se gravan perpetuas las quimeras, descansan plasmadas las ideas que danzaron con las  musas, veloces bailes de primavera, se revelan ante los ojos de quien las quiera. 

vuela, palabra vuela, vuela...  palabra vuela… que ya es primavera.


Alas



Y ahora que me marcho
alumbran las palabras en tus labios,
mientras me voy desmembrado
quedo huérfano de tus brazos,
tu sentencia se hace tangible
me convertiré en runa indescifrable,
en el frio de un valle incierto
por donde vagare en desconcierto,
buscando el querer urgente
de los días pasados
que se quedaran si presente.

Y ahora que me marcho
me pones el verso en los ojos
y las razones gritan sus ecos
como depredadores al acecho,
de lejos el tiempo suena
el clamor de la necesidad
y en nuestra tormenta ya no truena
tan solo el exceso muerde fuerte la soledad.

Y ahora que me marcho
se me muere la vanidad,
germinan los besos
que perdieron su intensidad,
se me harán extraños
los latidos de antaño
y los tactos de tersura
por los que mi cuerpo
se estremecía temblando de locura.

Y ahora que me marcho
me desnudas en tus versos
y me arrebatas el corazón
tulles la alas de mi vuelo
y como un Ángel caído
pendo del hilo
de tu tentación.

Imagen: Duy Huynh

Deslía.



Sentada bajo la luz conmovida
de una penumbra estremecida,
una mujer se reclina,
alargando sus brazos en disciplina
y deslía,
con soberbia
y sensual maestría
una media infiel
que seduce y viste su piel,
sube tensa y ceñida,
negra y persistida,
burlando al tiempo
que entre guiños de consentimiento
descansa en coqueto juramento,
arrogante la fina  redecilla,
trepa sobre su rodilla,
Gesto privado de un atardecer
donde se estira la pierna de una mujer,
por la que se alza desplegada
la media descarada,
que abraza el tímido desnudo
de la piel secreta de un muslo,
y al final de su encrucijada 
la piel se embellece apretada,
más en caricia agasajada
la mano la recorre
desde la punta, al borde,
para dejarla bien estirada.

Media que fue infiel
mientras cubría de tu pie la piel,
ahora vistes la belleza altanera
de una mujer de primavera.

Naufragio.



Sobre el mar del amor
vive la ternura de una dama
la eterna melancolía y su drama.

En sus ojos ya no hay horizontes
y varadas en la playa sobre las arenas,
las atalayas de las penas
se resignan a su condena.

Por la ola de una noche sin tregua
el amor se va a vuelos de suspiros
y entre la espuma baila el agua
en que naufragan dos cuerpos confundidos.

En el epitafio de la entrega
se mojan las carnes sumergidas,
los abrazos dictan silencios a medida
de una pequeña historia de despedida.

Las palabras van envueltas
de firme temple de esperanza
más regresan dolorosas y calladas
en el naufragio de la confianza.

Crecido viene el mar del amor
en el naufragio que camina,
a pasos se acerca una dama lozana
gritando versos que se llevaran el dolor

Desnuda busco la entrega de su alma,
desnuda quiso tener a su dama,
en el naufragio inconcluso cerro sus ojos,
cada cual que descubra su trampantojo. 

Imagen: Tides Mandy Tsung

Cautiva.



Se acercó cautiva
y prisionera se lanzo
a poner un beso en mis labios
que nunca olvidare yo.

Se alejó altiva
y me dejo condenado,
adicto al beso
que ya nunca más me dio.

No puso en mi piel mano
ni palabra con la mía cruzo,
tan solo fueron sus ojos
los que inmortales hablaron 
y en mi alma y silentes se quedaron.

Cautiva, mi corazón la llamo
y la dejo navegando
en las alcobas de mi corazón,
mis ojos cerrados
prisioneros de su sin razón,
más duerme entre mis versos
por un beso que me dio,
la cautiva que a mí me cautivo.