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Ungiendote.


Unjo los trozos que vuelan de mi alma
the superiority of women - Pavel Titovich
sobre el lienzo suave de tu espalda,
incrusto besos de precedida pasión
que dejan caricias cautelosas
rebosantes de tensión,
cubro tu espalda de apoco
ensalivando escalofríos penetrantes
simétricos ósculos flagelantes
que trepan a la última torsión de tu cuello.

Suena una melodía de suspense
cuando reposan mis manos en tu vientre
y se deslizan devorando la textura
camino de tu deseo a conjetura,
tu piel fuego latente, que me quema
desde el pecho hasta el vientre,
tus gemidos se hacen plenos
cuando rozo la curva de tus senos,
con una caricia elíptica
desbordo tu razón de forma intrínseca.

Sobre el plano de tu cuerpo desnudo
abro caminos de lujuria
por los que vagar sin cordura
en tu busca y captura,
te propongo navegar por los océanos
de lo que sientan nuestras manos
y volar hacia mundos de fuego

que sacien los instintos de nuestro juego.

De La Madrugada.

De la madrugada
tristeza me da el lucero,
que solo esta
y sin consuelo,
¡pobre lucero del alba!
que de amor es ocaso perdido
por una luna nueva,
que nunca le dara su brillo.

Noche de Desvelos

Sobre el tapiz negro
de esta noche que sostengo
vienen fustigando los desvelos,
por esos ojos que no alcanzo
a desvestirme de mis celos.


Hay un remanso y un sosiego,
¡seguro esta en sus vuelos!

Se va Octubre

Se va octubre
con gotas de lluvia desteñidas
y horas desclavadas
con las prisas de la noche
y una luna mojada
que quiere iluminar
estrellas desnudadas.

Se va octubre
con sus negras pupilas
mirando tristezas indefinidas,
maridando colores
a vintages tintos
con olores primordiales
que se arquean sobre el roble
que los hará nobles.

Se va octubre
con las hogueras encendidas
de pálida lumbre,
con la luz rugiendo
para que no se la lleve el aire.

Se va octubre
con sus albores soberanos,
se lleva tu nombre
mientras va dejando
un suave rocío
en la palmas de mis manos.

Efímera Nostalgia.

El índigo que destilabas
alimentaba mi eje infinito,
masturbaba un sueño
aleteando en el mar de mi alma,
lacayo era del purpura
que nunca supe
si ungía en tus labios,
invocado fui naufrago
en tu jardín
de magnolias negras,
envenenadas de un misterio ardiente
que me hacía consumirme
a las puertas de tu gloria.

Con los ojos cerrados
te veía descifrarme
de la esclavitud
de unas palabras a la deriva,
en un mar de desvelos
que marchitaban mi seguridad.

Hartabas mi vanidad,
con violines de celo, voraces,
que encandilaban mis sentidos,
mientras se germinaba
un reino imaginario
en el que refugiarme
de la estricta realidad.

Y ahora, vago celoso
de las notas de silencio
que llueven constantes,
de un violín callado
en la discordia de un concierto
al que nunca debí ser invitado.

Me transmuta.

Esencia le llamo yo,
quizás no sepa su nombre
o tan solo lo quiera olvidar,
resiste en alguna parte de un intento de sobornar mi fragilida,
se desfragmenta a pesar de la distancia
con la salvaje ironía
de un cotidiano pensamiento,
que renace
perenne al abrigo de mis días.

Transmuta mi silencio
a un genocidio de desesperación,
por el cual me recojo
en las espirales de sentimientos
levantando muros
a la traición propia,
las manos se atan de deseo,
de intentos de vuelo y hambre,
por saciarme de juventud,
su juventud.

Es como una copa de anís dulzón
que  blandea en mi boca
y que aun no queriéndose tragar
me envicia y me provoca,
me penetra y me toca,
las vísceras latientes
de este hombre indecente
del que no puedo escapar.

Podemos


Puedo tocar la liviandad
de tu ternura invisible,
abrir esa oscuridad
que me ciega de tu palpitar sensible,
ese correr de sangre hirviente
que fluye por los adentros de tu cuerpo,
con una constante pertinente
sin mesura que amedrente al miedo.

Puedo sentir la textura de tu piel erizada
que se me desvanece en el recuerdo,
con el frenesí endulzado
de tus ojos clavándome la mirada,
las caricias de tus manos
proponiéndome conjeturas de ilusión,
a la espera de que los espasmos
dobleguen mi corazón.

Podemos robarnos el abrigo de la palabra
para vaciarnos en runas gallardas
colaciones de ansiedad desbocadas
en vuelos de locura excedida,
que mañana nos llenaran de nostalgia.

Podemos cabalgar sobre la luna
con un reflejo de inconsciencia
toda una noche eterna
y hacer del sexo poesía.

Podemos hacernos brizna de lluvia
ligarnos para recorrer los meandros
que riegan en deseo nuestros vitales campos
de inmensa felicidad cubica.

Y podemos eclipsarnos a desmedida
como fugitivos desbordados
del baile del que fueron prisioneros
con un plenilunio de almas saturadas.

En nuestra cama.



En nuestra cama vive
un néctar de nácar invisible,
la llanura de tu rubor inconfundible
y tu sexo lleno de nieve.
Delicia se llama el averno de tu boca
donde deseo se endurece como roca
y duele y se doblega lo que tiene
tensando el fragor de mi sienes.
En nuestra cama pelusa
mullida de celo,
piernas entre piernas intrusas
y mi lengua en tu cuello,
un escalofrío bramante  
que te cruza al instante,
un lirio que se descama
y mis mandíbulas
saciando tus mamas.
Pregonamos las liturgias pertinaces
de que nuestro cuerpos son capaces,
te haces liana para columpiar
este derroche de sexo mortal
que deshace la cama
en la que vive
la llama

dispuesta a arder.

Arriesgándome.



Quisiera arriesgarme a escuchar a la esperanza rota que me susurrar tu nombre en las noches de desdén, donde el tiempo se consume en suicidios ingratos que buscan tus ojos.
Y es que, te cuelas en mis sueños, amedrentando tu ausencia como una campana nueva que replicase su grito para lanzar su custodia a  los oídos ajenos y te busco en lo más profundo de mi sonámbula incertidumbre donde crece un lecho de magnolias de blanco inmaculado, que quisiera remover con mis mano para moldear tu figura, es tan difícil adivinar tus ojos... cuando ni si quiera se han hecho visibles a mi imaginación, esa que en mis sueños toma directrices de los vuelos de ansiedad en que has convertido las horas de mis días.
Me estremezco abrazándote sin fondo que sacie mi síntesis de ti y en el naufragio de esta tormenta de ausencia, me aferro al espacio de una luna que lleva clavada tus ojos, tan lejanos como la sombra a la que me entrego en los silencios cargados de delirio por los que te recorro intentando llegar a tu alma.
 Te haces verdad inalcanzable, entre los diablos de esta noche, en la que se revela mi esperanza, mientras calculo mi riesgo, pero no tengo miedo de bordar tu nombre al firmamento de mi cuerpo y revelarte entre imaginarios deslices que aplaque esta sed de ti.
 Ahora necesito la urgencia del tacto de tus labios que me tienen huérfanos de confirmarte, el calor inconcluso que no consigo sentir al emanarse de tu piel, ese sentir de precoz locura que solo tempera a la vera del aferro de tu cuerpo y no quiero cerrar los ojos y seguir con la esperanza rota de alcanzarte, no quiero que me invada tu ausencia y se marchite este sueño de ansiado amor, por el que camino sin caminar siquiera en ti.    

Imagen: Autor desconocido.

Cautivo.





Eres, sustancia rodando por mi memoria.

Al silencio se despierta el alba
y avanza la luz que me regala la abierta ventana,
mi mente se hace pasto de tu añoranza
contaminada de corazón sin confianza.

Estas en este calvario de gloria
por el que te paseas por mi memoria,
desnuda te pincela mi imaginación
saltando en el alba de mi obsesión.

Tiembla mi mano
vacía de tu tacto,
huérfana de la caricia de seda
que de mi sombra perpetua se apodera
y te rompes como una flor en la distancia
que me deja ciego de su florecer.

La luna ya se apago
quebrada de tu identidad
y con un lazo de necesidad,
la mañana la dejo en el olvido
junto a rebelión de los sentidos
que paralizan el tiempo
y desvisten los abismos
de una distancia que no mitigo
que no aferro ni consigo
redimirla en mi estado de cautivo.

Cautivo… de la latente necesidad
anidada en este corazón
ausente de ti.



Puentes De Amor



Has visto como camino
deformando los barrotes de mí destino,
los sentidos declaran a escondidas
palabras de derrota descosida
los hombres no lloran lágrimas de savia
afanando la soledad de los caídos,
te alejas de mi armonía
como una verdad de amor
que estuvo en mí todos los días…


Te llevas con codicia mi voluntad
dejándome perdido en esta soledad
y olvidas ese juramento que sellaba mis labios
cuando te dejaba tentados besos de tarde
de los que tú siempre hacías alarde.

Y hoy sobre la mesa te pongo mi soledad
y una rosa roja desangrándose
de maldita dignidad.

Nunca te puse verbo prepotente
que entre mis labios fuese consciente,
ni te pedí deseo sobrado
que no fuese entregado.

Fundí ternuras al viento
para trazar puentes de amor
que te acercaran a mí,
volé sobre espacios imposibles
tan lejanos como inaccesibles
para poner el mundo a tus pies,
borde mis sueños con hilos de tu voluntad
sobre los que rocié mis deseos
para dejarlos fundir
como el agua salada
que llegasen a una playa varada
y se fundiese en su arena
cristalina y morena.

Y hoy soy un náufrago de tu palpitar,
ya no quedan horas para esperar
no hay tiempo ni silencio que abrazar,
tan solo una tarde de otoño crucificada de verdad.