Siento, de sentir.



Perezosamente se desnudan las hojas
a través de los cristales,
mientras,
se rompe la tarde
y tu belleza es un escalofrió
que cruza mi cuerpo,
surges como oportuno fermento
en la premisa de tu nombre
devorando débilmente
cada fértil pensamiento
que cruza los campos de mi mente.

Siento,
la instantánea frescura
de tu piel
en su suicidio insolente,
que busca su placer,
brisa fresca
que ciño a mi cintura,
lívida tu frente
se clava en mi pecho
y me emborracho de tu pelo,
mientras tu piel
se subleva
en la soledad de su desierto.

Abrir los ojos
para ahogarme en el gemido
y voltearme
en el perpetuo delirio
que desenmascara mi sexo,
asir tus senos,
chupar tu veneno,
sentir tu mano
llevarme al averno.

Sentir,
el delirio de tu juramento
las acrobacias de los cuerpos
en un enjambre de deseos sueltos,
bifurca el tiempo
gimo y siento
gimo siento…







Vacío se queda el instante que no olvido.




Vacío se queda el instante que no olvido,
me lo arrebata el tiempo,
recuerdo nuestro juego
desnudando las horas del reloj
acurrucando el destino
en lo que fuiste tu
en lo que fui yo.

Una flor
en la noche ungió su suspiro
tu cuerpo mudo
tu tacto, tu calor,
el sabernos los dos.

Vacío se queda el instante que no olvido,
en el barco que despide al alba
mutiladas y sin asilo
aparecen las mañanas
y en ellas
prematuras y a horcajadas
no siento nada más que tu nada.

La sed
de tu desierto
en mi cama fría,
la sombra que vaga
y atiza la melancolía,
metamorfosis sonámbula
en la ingenuidad de mi mirada,
mi irada,
tan larga
y tan perdida.

Vacío se queda el instante que no olvido
y en su calma
espero
mientras me desequilibro,
desmayando mi soledad
en texturas de imposibilidad.



Realidad.





La realidad,
esa estampida que me sacude
de salvedad.

El poeta hace su barricada en el silencio,
el hombre no entiende de mística
y yo en medio
haciendo piruetas de amor.

Nunca dudes de mi valentía,
si, tu,
la más valiente sombra que dobla la esquina,
esa mascara que arremete mi convicción
y oculta
los ojos tibios que miran al amor,
estos ojos,
cúmulos de talión,
esquirlas hipócritas que voltean
entre diplomas de desespero
y adventicios pactos de rutina.

A veces juego con ella
le cuento mis mentiras,
le obligo a soñar,
indeleble y aséptica,
se revela
ante el oleaje del poeta
que con sigilo se desnuda de hombre
en las largas noches desiertas
donde riguroso cuento las estrella
que a coro cantan a la luna
canciones de derrota inoportunas
y entonces aparece este yo racional
tan maldito
y altanero,
pero también salvador,
para luchar como gladiador
en el teatro del amor.

Y así,
me sacude esa estampida
de estúpida salvedad
que hace improbada
la cruel realidad.






Me retas con tu mirada.



Me retas con tu mirada.
Lánguidas las magnolias permanecen en el jarrón,
estímulos que quiebran
un brindis que desafía el pudor,
quemo la tarde
en lo real de sus limites
que la descifran cotidiana
y te juro que me sublevo
a mi calma sin hambre,
mientras agazapada en mi interior
se me despierta la gana.

Atesoro el deseo
que me ofreces tras tu tanga,
aromas de sexo
que dejo en mí se expandan,
levaduras para mi cordura
fermentan en el menguante
que me reta debajo de tu falda,
delicia generosa
que mi mano hurta
y busca mi boca.

Metáfora de noche
cielo que pinta mi lengua,
caricia sin tregua,
estrellas que gimen,
luna que tiembla.

Cálamo excitante




Cálamo excitante
que revela tu piel,
me yergue poeta
lamiendo tu miel.

Prensil abrazo
retórica elevación,
unción semántica
jadeante excitación.

Apotema mágica
fecundada de ardor,
triada silábica
cenit seductor.

Invictos ojos que esperan
devorar tu esplendor,
furtiva geometría
tan torva cruza la apotema
en un vástago súcubo,
que estático se aflige
ante los confines de un santuario
codicioso de amor.

Cálamo de luz, fragmento de vida,
detona un grito el éxodo del silencio,
pare el poeta

versos ajenos, sin tiempo.



Omisión.




Callo la voz de mis ojos
donde reina la cordura
de un idiota
y en la simétrica vergüenza
eyaculo versos
en una contienda de hombre
que no traiciona su ego.

En la mirada
crucificado el silencio
y en la carne
trampantojos de hambriento lobo.

Ahora
se fronda el deseo

en mi dulce clemencia.

De celeste sinceridad.




Porque no lo sabes, porque me quema dentro, inmensa y lentamente transforma mi armonía en esta brutal confirmación, en este respirar sin fin que cruza los celestes campos de mi vida.
Espero que nazca el día con una aurora diferente, que estruje los chasquidos de este eco que me acompaña y que queden tatuadas en la vastedad del tiempo las palabras que se sellaron en mis labios.
la juventud estremeció los lazos que apretaban los corazones y el tiempo contamino con su abuso las jaulas de la distancia, mientras poníamos sonrisas en los encuentros con el gozo de la entrega y el miedo implacable de volver a adorar la distancia, me preguntaba en cada taza de café que desaparecía en muestras miradas  ¿porque no hay derecho y valentía a romper las distancias? cuando se desea tanto escuchar la canción que hermana las fragancias, mas no, los trenes pasaban y en las estaciones de los miedos se confinaban, quizás ahora me digas que perdimos las oportunidades de hacerlo todo sencillo, de no callarnos nada, cuando la sangre ofrendo liturgias ilimitadas que las circunstancias vararon a la desesperada entre ratios de un orgullo que solo hundieron la patria, nuestra patria.
Todavía ronda en mi esa culpable espada que destella cuando me cruzo con tu mirada y en el reverso de la razón aún sigue crucificada cada mano que sin saberlo me dejaste atada y esa cobardía que yo en mi no suponía pero que sin remedio arde día a día, tan abundante que solo tengo el valor confesarlo entre los reglones que me escudan de esta verdad que tanto daño me hace.

El dolor suma y a veces la franqueza lo multiplica, se me carga imperdonable, porque los impulsos siguen soltando lagrimas cargadas de recuerdos que jamás dejare borrar… lo siento yo soy así, tan fuerte por fuera, tan débil por dentro, quizás mi madurez no llegue nunca a concebirse, estoy casi seguro, pero sé que este sentimiento a pesar de golpearme y sacarme el lamento ha vivido y vive aquí dentro, donde han vivido y viven los que se enlazaron a mi corazón.

Un diamante perdido.





Una palabra no dice nada
Y al mismo tiempo lo esconde todo
Igual que el viento que esconde el agua
Como las flores que esconde el lodo

Una mirada no dice nada
Y al mismo tiempo lo dice todo
Como la lluvia sobre tu cara
O el viejo mapa de algún tesoro
Como la lluvia sobre tu cara

O el viejo mapa de algún tesoro.

                               Carlos Valera


Así te despediste, con la sabiduría de quien era maestra en la vida, de quien había encontrado la armonía allí donde latía tu mayor tesoro, TU GRAN CORAZÓN.

       A María del Carmen Nazer una amiga y gran persona “ausente” (siempre estará en mi corazón)


Una palabra tuya lo decía todo
y al mismo tiempo te lo ofrecía todo,
la sabiduría de tus otoños
la generosidad adquirida
y el amor derramado
en tu intensa vida.

Tanto que contar
en la alcoba de tu recuerdo
tanto que agradecer
a pesar de los penare,
la vida se te fue
pero nunca estuviste sola.

Un corazón de armonía
que en tu pecho latía,
la emoción del amor
y el vértigo de amar la poesía.

Caminos de alegría corrían por ti
y en la belleza de tu jardín
se alaban versos
cantos de serafín.

Una palabra tuya que al fin entendí.

Los vientos te llevaron
al altar de la gloria
tus versos me los dejaste
para siempre en la memoria.

Allí donde estas un abrazo gigante.

Me hago el amor en ti.




Me hago el amor en ti,
suspendo el aire
que se columpia en mi conciencia,
premio a mis sentidos
en la inconfesable mentira
que enjaula mi soledad.

Rompo la angustia de mi corazón
con el inevitable
despertar de los sentidos,
confundiéndome en el
olimpo de tu esfinge
donde poso
el esclavizado deseo
que extingue tu aroma
sobre el correr de mi sangre.

Serena te cuelo en mi armonía,
desnuda habitas en la filosofía
que derrama este dicho,
desasosiego de un capricho.

Te imagine, entre vapores de café.



Te imagine, entre vapores de café
textura de durazno
sobre dormida y algodonada piel,
tan fácil fue
sellar lo imaginado
sobre un avión de papel.

Juro que tenía los ojos cerrados
y el corazón henchido y alterado
y una rendida impaciencia
sembraba sudor frio
entre mis costados.

Fui raptando la necesidad
de mantenerte a salvo
en aquel momento,
sosteniendo la apacible serenidad
de fijarte en el centro
de un talismanico silencio.

Yo ansié tener tu cuerpo
en aquel sueño interminable
con su burla inevitable
se me descosió el tiempo.

Te imagine, entre vapores de café
renglones de terciopelo,
palabras de mujer,
versos agrietados
nutridos de fe.

La palidez despidió mi imaginación
mientras te declaraba mujer,
temblorosa sublevación
en el paraíso de Eva,
donde floreció la manzana
que me incito a comer.


Imagen: Andre de Dienes 

Te escucho.



Escucho, te escucho.

Me infecto de voces silentes
que se van blindando,
se hacen fuertes en la mente
mi mente,
agitadas como serpientes
retumban
casi con entusiasmo
tras la estela de mis pasos,
enjaulando mi descanso.

Y yo,
escribo un poema
que me delate,
que muestre mis ojos,
los verdaderos
y me abarrote de celo.

Comulgo en el alba
de los pájaros negros
y me angustia
tu voz
predicando en el desierto,
no alcanzas mi mano
la forjar de tu sosiego.

Escucho, te escucho,
enervo el verbo,
tu verbo
y abatido
sigo mi viaje

por el mundo de los confundidos.

El mismo cielo.




Trasformar un silencio
eso quería yo.

Miro tu espalda
con mis ojos de ambición,
un rompeolas en la distancia,
un viaje a tu tentación.

Me sobran las palabras
en esta canción,
sobre mis dedos
la humedad
de tu carnal lubricación,
un beso de deseo,
a tu instante
le pinto una traición.

Y entre tus piernas
mi mano
un violín veloz,
marcando
la sinfonía fantástica de Berlioz.

Desnudarnos una urgencia,
invocarnos
con destreza,
entre blasfemas liturgias de amor.

Ebrio de hombría
conjuro tu carne,
miro tus ojos
preparados
para un largo viaje,
vaivén de locura
en un maratón de anhelo,
me aprietan tus piernas
ancladas al deseo,
mientras…
caminamos hacia mismo cielo.

Tu música.




Reconocernos…

en las esquinas de los palacios
brillan los artistas,
perlas de plata caen al suelo
y ruedan, ruedan,
no me preguntes ¿Por qué?

La maleza ha crecido a destiempo
la infancia se perdió en lo lejos,
quizás aún camina acompaña de aquel viento
que siempre viene a mi
confundido entre los miedos
y me preparan par morir.

Cala tan honda,
esa lluvia solemne
que se cuela entre los ojos
y eriza la piel,
todo es nada,
y nada es aceptar
la morada del silencio.

El almizcle se retuerce
en un dolor interior,
amargo rubí desteñido
que vomita la desazón
y se lleva el embargo
de una muerte
que me secuestró.

Verán los ojos
cada palabra en su destino,
y en los labios
un dulce viento
se hará fuerte tras una sonrisa,
lisos muros
caerán por amor
no me preguntes ¿Por qué?

no, lo sé yo.

En un largo caminar.





Nunca debiste pararte
a contemplar el horizonte,
allí, los delirios
pierden su encanto
mientras madura
el fuego del infierno.

Tras la tarde
los pájaros buscaban su nido,
se fundía un misterio
en el lento ocaso del sol
y yo sabía que el reloj
marcaba la hora de partir.

Lo tenía tan claro.
Dicen que todo tiene que pasar,
que nada es suficiente,
que todo te puede saturar,
la vida se muestra insolente
con todo lo que no sabemos soportar.

Guardo el embargo de un despertar
una luz amarga
incapaz de poderme saciar,
el espíritu olvidado
en un desierto
que nadie me puede calmar.

Y despacito,
entre una luna menguante
de esas en que los poetas
hacen de sus musas
increíbles marionetas,
vi levemente
su partir sostenido,
sin merecer
esa danza del punto y final.

Fue un decreto
que lo humano
jamás sabrá interpretar,
solo buscando
donde pocos saben buscar,
uno encuentra
lo que a los ojos
se hace verdad.

Tragamos mil lenguas de orgullo
en un azar de locura,
lloraban las vanidades
lágrimas de esclavitud,
jugaban los arcanos
en el mapa de la vida,
alzaban sus apuestas
por la muerte de un poeta.

Y así,
la palabra fue bala
dejando correr la sangre
en una explosión
por la que escapo
un verso
de su prisión.

…y poco a poco apareció el extraño silencio.





En el rígido lienzo.



Rígidos los lienzos
volaron errantes
desataron en secreto tus lazos
de colores grises
a pasteles con contrastes.

Etéreo viajo en tu trazo
persistente y efímero en el me plasmo,
en el abrigo del paisaje que cobija tu abrazo
nace un compás de eternidad inmenso
entre tules de incienso
vapores de fantasía
humean el presagio de una melodía.

Atalayas de tu ser
se sostienen en su sombra,
juramento de mujer
que en secreto me nombra.

Me desvela el rumor de tu verbo,
su apariencia verdadera,
palabras que pintan el cielo
donde habita mi ceguera,
me desvela la tentación
que viaja en tu silencio
tejiendo la constelación
en que se dispersa mi reflejo.

En el rígido lienzo
te vas distante,
pinceles delirantes
desdoblan ofrendas al recuerdo
caminan inconclusos
áridos caminos de soledad.


¿Dónde estás?





¿Dónde estás?
que no encuentro tu nomenclatura,
las palabras justas,
un miedo cosido con sutura,
tres pétalos de amapola
terciaban tu pecho,
la agonía de mi labio
destilando deseo
cruzaban mis punzadas
destellos sin trecho,
surcando la aureola
que se eleva al cielo.


Blandea la lengua
avidez de su centro,
diptongo creciente
de inercia tenue,
presión lisonjera
que el corazón siente,
energía que se libera
en el temblor de la sienes​.


Atalayas consumidas
en miradas al horizonte,
inercias estremecidas
de aliento creciente,
dimensión obscura
en el resplandor de un sentir,
tan extraño…
como la exactitud
de una vida
que no me pertenece.



Aquel Viento de Primavera




Era tan solo un sueño,
un delirio que fluía
como canícula de deseo
en una tarde de primavera,
era un viento fresco
con jirones de debilidad,
prometía el cielo con su azul
unos matices tenues
tatuando tu piel.

Estabas allí,
estoy seguro que estabas allí,
donde se prodigaban tus labios,
donde yo era viento
tendido en tu lecho
esperando embriagarme
del fervor de tu reflejo,
lentamente,
suavemente,
roce las dunas de tu piel,
estabas allí, lo sé,
como aquel viento
de una recién llegada primavera,
como un bosquejo
de claridad prematura,
sentía tu ternura
hundiéndose en mí.

Te juro que no podía saberlo
no podía quebrar mi razón,
quizás imprecisa mi mente
alcanzaba otra dimensión,
pero yo te sentía,
en la árida asimetría
de aquel solsticio,
en lo más profundo
de un amor que nacía,
que nacía y crecía
al tránsito de un viento
en un sueño de primavera.

Aire.



Hubo un instante
en que te aferrabas al aire.

Sentí la urgencia
de mirar entre tus muros
y reivindicarme
en la fragilidad de tu deseo…
pusiste tus manos en mi cabeza
y me empujaste
a tu mundo ilimitado.

Recuerdo el manjar de tus labios
como un azúcar goloso
esperando
para ser devorado,
mi aliento
quemándose en la piel de tu fruta,
palpitando
ante la caricia enardecida
de mi papila encendida.

Tu voz sonó
en el desierto de los jadeos
donde se consumían
mil impulsos contenidos,
sentí tu velocidad
apretando mi nuca
invitándome
a ser generoso con tu ansiedad.

Paseé por el borde de tu intimidad
con mi lengua ensalivada,
dispuesto
a conocer tu madrugada,
a saber
donde se inunda tu textura,
a embriagarme de los aromas
de tu jardín interior.

En tu convulsión,
sentí tu corazón
arder en la combustión
de un horizonte de deseo
y en el secreto de un misterio infinito
mi hombría
creció en la excitación
de una esperanza húmeda
que me enajenaba sin fatiga
a conseguir
derramar el manantial de tu vida.

El reloj se desbordo
en un temblor canalla
que te puso un grito de agonía
entre los labios
y mientras te retorcías
reflejos sentía,
claros de luna
y pétalos blancos
en tus ojos crecían.

sé que el aire al que te aferrabas…
se consumía.

Irisada Hechicera.

A María:
"Hay una luz especial 
en los estambres que 
prolongan tu palabra 
fecundas el verso de
 estímulo y vida"



Hay una palabra escondida en tus labios
y un centinela custodiando tu corazón
una sonrisa nueva e inédita
las ganas consumiéndose
en el alfeizar de la razón.


Vienes vistiéndote de... hechicera
Vengo vistiéndome en el punto exacto
del vértice de tu encuentro
despuntando al viento​
estrujando la palabra
volteando las sílabas
desde los labios de mi boca
hasta el cielo de tu madrugada.

Desnúdate, ¡desnúdate!
en la inmensidad de la voz
hundiéndote en la palabra
en el énfasis que les otorga el alma.
En secreto, habita los vientos
que traen el nuevo impulso
fecundando cada poro de tu piel
cada morir,
cada renacer
déjate vencer, quebrada de deseo
bajo el resplandor
de la promesa del amor.


Me desnuda la lluvia de tu voz
la fuerza de tu garganta,
el grito que penetra mi piel,
perdiéndome en el campo esdrújulo
del jardín de tu boca,
a la deriva del temblor
yaciendo tumbada en el enigma,
​hambrienta ​mordiendo tus besos
bajo el manto sagrado de mi desnudez.


Habito tu espacio
devorando tu placida espera,
construyo caricias,
transitando por tu pecho
como nauta de palabras
que se sumerge a las profundidades
de ese purpura errante
donde se estanca tu sangre
en el estío de un rizo de amor
fluyendo de los aljibes del alma.

Vencida en la cárcel de tu boca,
seducida con tu parábola,
hurtas el silencio de mi universo,
trastocando el vértigo del vicio tentado,
desequilibrando la brújula de mis intenciones.

Irisada hechicera
ígnea diva
del más profundo deseo
dame el verso
que borda tu labio
dame la palabra
tu palabra de poeta encantada.


Hembra ceñida
en la urgencia de​ la caricia,
voz mutilada en el beso furtivo,
mi boca en la tormenta
ha aniquilado la palabra.


Maria y Agapxis

ENCUENTRO LITERARIO

Cárcel de mi boca




La cárcel que pones a mi boca
adormece mi mente
se envuelve en una luna loca
atada de presente.

Ambigüedad busco en mi defensa
haciendo tenaz mi palabra,
dices que te siembro la ofensa
sin una salida clara,
mi derrota no te sirve de nada
la victoria no me la das perdonada
en la trinchera mi voz callada
a ti de cólera te deja saturada.

Cárcel de mi boca
que ya no sabe decir nada.