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En el rígido lienzo.



Rígidos los lienzos
volaron errantes
desataron en secreto tus lazos
de colores grises
a pasteles con contrastes.

Etéreo viajo en tu trazo
persistente y efímero en el me plasmo,
en el abrigo del paisaje que cobija tu abrazo
nace un compás de eternidad inmenso
entre tules de incienso
vapores de fantasía
humean el presagio de una melodía.

Atalayas de tu ser
se sostienen en su sombra,
juramento de mujer
que en secreto me nombra.

Me desvela el rumor de tu verbo,
su apariencia verdadera,
palabras que pintan el cielo
donde habita mi ceguera,
me desvela la tentación
que viaja en tu silencio
tejiendo la constelación
en que se dispersa mi reflejo.

En el rígido lienzo
te vas distante,
pinceles delirantes
desdoblan ofrendas al recuerdo
caminan inconclusos
áridos caminos de soledad.


¿Dónde estás?





¿Dónde estás?
que no encuentro tu nomenclatura,
las palabras justas,
un miedo cosido con sutura,
tres pétalos de amapola
terciaban tu pecho,
la agonía de mi labio
destilando deseo
cruzaban mis punzadas
destellos sin trecho,
surcando la aureola
que se eleva al cielo.


Blandea la lengua
avidez de su centro,
diptongo creciente
de inercia tenue,
presión lisonjera
que el corazón siente,
energía que se libera
en el temblor de la sienes​.


Atalayas consumidas
en miradas al horizonte,
inercias estremecidas
de aliento creciente,
dimensión obscura
en el resplandor de un sentir,
tan extraño…
como la exactitud
de una vida
que no me pertenece.



Aquel Viento de Primavera




Era tan solo un sueño,
un delirio que fluía
como canícula de deseo
en una tarde de primavera,
era un viento fresco
con jirones de debilidad,
prometía el cielo con su azul
unos matices tenues
tatuando tu piel.

Estabas allí,
estoy seguro que estabas allí,
donde se prodigaban tus labios,
donde yo era viento
tendido en tu lecho
esperando embriagarme
del fervor de tu reflejo,
lentamente,
suavemente,
roce las dunas de tu piel,
estabas allí, lo sé,
como aquel viento
de una recién llegada primavera,
como un bosquejo
de claridad prematura,
sentía tu ternura
hundiéndose en mí.

Te juro que no podía saberlo
no podía quebrar mi razón,
quizás imprecisa mi mente
alcanzaba otra dimensión,
pero yo te sentía,
en la árida asimetría
de aquel solsticio,
en lo más profundo
de un amor que nacía,
que nacía y crecía
al tránsito de un viento
en un sueño de primavera.

Aire.



Hubo un instante
en que te aferrabas al aire.

Sentí la urgencia
de mirar entre tus muros
y reivindicarme
en la fragilidad de tu deseo…
pusiste tus manos en mi cabeza
y me empujaste
a tu mundo ilimitado.

Recuerdo el manjar de tus labios
como un azúcar goloso
esperando
para ser devorado,
mi aliento
quemándose en la piel de tu fruta,
palpitando
ante la caricia enardecida
de mi papila encendida.

Tu voz sonó
en el desierto de los jadeos
donde se consumían
mil impulsos contenidos,
sentí tu velocidad
apretando mi nuca
invitándome
a ser generoso con tu ansiedad.

Paseé por el borde de tu intimidad
con mi lengua ensalivada,
dispuesto
a conocer tu madrugada,
a saber
donde se inunda tu textura,
a embriagarme de los aromas
de tu jardín interior.

En tu convulsión,
sentí tu corazón
arder en la combustión
de un horizonte de deseo
y en el secreto de un misterio infinito
mi hombría
creció en la excitación
de una esperanza húmeda
que me enajenaba sin fatiga
a conseguir
derramar el manantial de tu vida.

El reloj se desbordo
en un temblor canalla
que te puso un grito de agonía
entre los labios
y mientras te retorcías
reflejos sentía,
claros de luna
y pétalos blancos
en tus ojos crecían.

sé que el aire al que te aferrabas…
se consumía.

Irisada Hechicera.

A María:
"Hay una luz especial 
en los estambres que 
prolongan tu palabra 
fecundas el verso de
 estímulo y vida"



Hay una palabra escondida en tus labios
y un centinela custodiando tu corazón
una sonrisa nueva e inédita
las ganas consumiéndose
en el alfeizar de la razón.


Vienes vistiéndote de... hechicera
Vengo vistiéndome en el punto exacto
del vértice de tu encuentro
despuntando al viento​
estrujando la palabra
volteando las sílabas
desde los labios de mi boca
hasta el cielo de tu madrugada.

Desnúdate, ¡desnúdate!
en la inmensidad de la voz
hundiéndote en la palabra
en el énfasis que les otorga el alma.
En secreto, habita los vientos
que traen el nuevo impulso
fecundando cada poro de tu piel
cada morir,
cada renacer
déjate vencer, quebrada de deseo
bajo el resplandor
de la promesa del amor.


Me desnuda la lluvia de tu voz
la fuerza de tu garganta,
el grito que penetra mi piel,
perdiéndome en el campo esdrújulo
del jardín de tu boca,
a la deriva del temblor
yaciendo tumbada en el enigma,
​hambrienta ​mordiendo tus besos
bajo el manto sagrado de mi desnudez.


Habito tu espacio
devorando tu placida espera,
construyo caricias,
transitando por tu pecho
como nauta de palabras
que se sumerge a las profundidades
de ese purpura errante
donde se estanca tu sangre
en el estío de un rizo de amor
fluyendo de los aljibes del alma.

Vencida en la cárcel de tu boca,
seducida con tu parábola,
hurtas el silencio de mi universo,
trastocando el vértigo del vicio tentado,
desequilibrando la brújula de mis intenciones.

Irisada hechicera
ígnea diva
del más profundo deseo
dame el verso
que borda tu labio
dame la palabra
tu palabra de poeta encantada.


Hembra ceñida
en la urgencia de​ la caricia,
voz mutilada en el beso furtivo,
mi boca en la tormenta
ha aniquilado la palabra.


Maria y Agapxis

ENCUENTRO LITERARIO

Cárcel de mi boca




La cárcel que pones a mi boca
adormece mi mente
se envuelve en una luna loca
atada de presente.

Ambigüedad busco en mi defensa
haciendo tenaz mi palabra,
dices que te siembro la ofensa
sin una salida clara,
mi derrota no te sirve de nada
la victoria no me la das perdonada
en la trinchera mi voz callada
a ti de cólera te deja saturada.

Cárcel de mi boca
que ya no sabe decir nada.