Cálamo excitante




Cálamo excitante
que revela tu piel,
me yergue poeta
lamiendo tu miel.

Prensil abrazo
retórica elevación,
unción semántica
jadeante excitación.

Apotema mágica
fecundada de ardor,
triada silábica
cenit seductor.

Invictos ojos que esperan
devorar tu esplendor,
furtiva geometría
tan torva cruza la apotema
en un vástago súcubo,
que estático se aflige
ante los confines de un santuario
codicioso de amor.

Cálamo de luz, fragmento de vida,
detona un grito el éxodo del silencio,
pare el poeta

versos ajenos, sin tiempo.



Omisión.




Callo la voz de mis ojos
donde reina la cordura
de un idiota
y en la simétrica vergüenza
eyaculo versos
en una contienda de hombre
que no traiciona su ego.

En la mirada
crucificado el silencio
y en la carne
trampantojos de hambriento lobo.

Ahora
se fronda el deseo

en mi dulce clemencia.

De celeste sinceridad.




Porque no lo sabes, porque me quema dentro, inmensa y lentamente transforma mi armonía en esta brutal confirmación, en este respirar sin fin que cruza los celestes campos de mi vida.
Espero que nazca el día con una aurora diferente, que estruje los chasquidos de este eco que me acompaña y que queden tatuadas en la vastedad del tiempo las palabras que se sellaron en mis labios.
la juventud estremeció los lazos que apretaban los corazones y el tiempo contamino con su abuso las jaulas de la distancia, mientras poníamos sonrisas en los encuentros con el gozo de la entrega y el miedo implacable de volver a adorar la distancia, me preguntaba en cada taza de café que desaparecía en muestras miradas  ¿porque no hay derecho y valentía a romper las distancias? cuando se desea tanto escuchar la canción que hermana las fragancias, mas no, los trenes pasaban y en las estaciones de los miedos se confinaban, quizás ahora me digas que perdimos las oportunidades de hacerlo todo sencillo, de no callarnos nada, cuando la sangre ofrendo liturgias ilimitadas que las circunstancias vararon a la desesperada entre ratios de un orgullo que solo hundieron la patria, nuestra patria.
Todavía ronda en mi esa culpable espada que destella cuando me cruzo con tu mirada y en el reverso de la razón aún sigue crucificada cada mano que sin saberlo me dejaste atada y esa cobardía que yo en mi no suponía pero que sin remedio arde día a día, tan abundante que solo tengo el valor confesarlo entre los reglones que me escudan de esta verdad que tanto daño me hace.

El dolor suma y a veces la franqueza lo multiplica, se me carga imperdonable, porque los impulsos siguen soltando lagrimas cargadas de recuerdos que jamás dejare borrar… lo siento yo soy así, tan fuerte por fuera, tan débil por dentro, quizás mi madurez no llegue nunca a concebirse, estoy casi seguro, pero sé que este sentimiento a pesar de golpearme y sacarme el lamento ha vivido y vive aquí dentro, donde han vivido y viven los que se enlazaron a mi corazón.