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Aquel Viento de Primavera




Era tan solo un sueño,
un delirio que fluía
como canícula de deseo
en una tarde de primavera,
era un viento fresco
con jirones de debilidad,
prometía el cielo con su azul
unos matices tenues
tatuando tu piel.

Estabas allí,
estoy seguro que estabas allí,
donde se prodigaban tus labios,
donde yo era viento
tendido en tu lecho
esperando embriagarme
del fervor de tu reflejo,
lentamente,
suavemente,
roce las dunas de tu piel,
estabas allí, lo sé,
como aquel viento
de una recién llegada primavera,
como un bosquejo
de claridad prematura,
sentía tu ternura
hundiéndose en mí.

Te juro que no podía saberlo
no podía quebrar mi razón,
quizás imprecisa mi mente
alcanzaba otra dimensión,
pero yo te sentía,
en la árida asimetría
de aquel solsticio,
en lo más profundo
de un amor que nacía,
que nacía y crecía
al tránsito de un viento
en un sueño de primavera.

Aire.



Hubo un instante
en que te aferrabas al aire.

Sentí la urgencia
de mirar entre tus muros
y reivindicarme
en la fragilidad de tu deseo…
pusiste tus manos en mi cabeza
y me empujaste
a tu mundo ilimitado.

Recuerdo el manjar de tus labios
como un azúcar goloso
esperando
para ser devorado,
mi aliento
quemándose en la piel de tu fruta,
palpitando
ante la caricia enardecida
de mi papila encendida.

Tu voz sonó
en el desierto de los jadeos
donde se consumían
mil impulsos contenidos,
sentí tu velocidad
apretando mi nuca
invitándome
a ser generoso con tu ansiedad.

Paseé por el borde de tu intimidad
con mi lengua ensalivada,
dispuesto
a conocer tu madrugada,
a saber
donde se inunda tu textura,
a embriagarme de los aromas
de tu jardín interior.

En tu convulsión,
sentí tu corazón
arder en la combustión
de un horizonte de deseo
y en el secreto de un misterio infinito
mi hombría
creció en la excitación
de una esperanza húmeda
que me enajenaba sin fatiga
a conseguir
derramar el manantial de tu vida.

El reloj se desbordo
en un temblor canalla
que te puso un grito de agonía
entre los labios
y mientras te retorcías
reflejos sentía,
claros de luna
y pétalos blancos
en tus ojos crecían.

sé que el aire al que te aferrabas…
se consumía.